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¿Qué aporta la filosofía al alumno?

Esta es una cuestión sin duda compleja. Por una parte podríamos hablar de la aportación más puramente teórica, de transmisión de contenidos. Aquí nos estaríamos refiriendo al aprendizaje, a la interiorización por parte del alumno de un conjunto de saberes filosóficos procedentes de distintos autores.  Aunque quizás la parte más interesante de esto sea la toma de conciencia por parte del alumno de la filosofía como un todo con coherencia interna, como un relato que se va generando y va evolucionando sobre el pensamiento, sobre cómo intenta el hombre comprender quién es, qué es el mundo que lo rodea y cómo puede (si es que puede) acceder a un conocimiento del mismo.  Y me refiero precisamente a la toma de conciencia de la filosofía como un continuo narrativo y no como una serie de teorías más o menos arbitrarias elaboradas por distintos autores a lo largo de la historia.

Creo que este entendimiento puede ser algo realmente útil para el alumno y que le ayudará sin duda en el presente y en el futuro a la hora de estudiar distintas materias, ya que buscando la estructura causal que subyace a las teorías y acontecimientos uno alcanza una mejor comprensión de los mismos y una mayor fijación en la memoria de los contenidos.

Además pienso que esta perspectiva equipa al alumno con una herramienta muy útil de cara también al desarrollo y la toma de decisiones en la propia vida. Y esto enlaza con otro punto que me parece fundamental en cuanto a lo que puede aportar la filosofía al alumno: se trataría precisamente de que la filosofía y quizás más aún el filosofar es indisociable del vivir, de la configuración de la propia vida.

Cuando nos preguntamos por distintas cuestiones y comenzamos a tejer posibles aproximaciones a las mismas, estamos creando pensamiento. De alguna forma estamos generando algo que nos trasciende, algo que comienza desde ese mismo momento a volar con alas propias y que se configura como algo distinto de nosotros, algo que comienza a formar parte de la realidad que nos envuelve. Análogamente, cuando nos planteamos la toma de una serie de decisiones en nuestra vida, estamos también generando pensamiento, analizando, sintetizando y finalmente eligiendo. De esta forma, filosofar y vivir acaban siendo procesos íntimamente ligados, caras de una misma moneda, y por tanto esta confluencia de ambos procesos hace que las habilidades adquiridas en cualquiera de ellos sean transferibles al otro.

Por último quiero mencionar otra posible aportación de la filosofía al alumno y que también está estrechamente relacionada con lo anteriormente expuesto. Se trataría de la comprensión de la filosofía como un arma: una espada y un martillo. Una espada que les permita defenderse de la sobre abundancia de información, y atacar argumentos poco sólidos y un martillo con el que triturar mitos, dogmas y fundamentalismos.

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