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La cuestión de la adolescencia en la educación secundaria y bachillerato


La cuestión de la adolescencia en la educación secundaria y bachillerato

El comienzo de la educación secundaria es un momento crucial en la vida académica de los alumnos, pero lo es también a nivel vital de forma general y particularmente en todo lo concerniente al proceso de socialización y de desarrollo de la personalidad.

Sabemos a día de hoy que los vínculos establecidos por los niños con sus primeros cuidadores entre los 0 y los 4 años son aquellos que comenzarán a definir su futura personalidad. Es en ese periodo en el que el cerebro es más plástico y aquellos patrones relacionales y vínculos que experimente el niño comenzarán a dar forma a su “cerebro emocional”.

Muy a menudo son versiones de estos vínculos los que el niño proyecta cuando comienza su nuevo proceso de socialización fuera del ámbito familiar, durante el comienzo de la educación primaria. El niño, que hasta entonces sólo se ha desenvuelto en el siempre privadísimo ámbito del hogar, tiene ahora que relacionarse con otros y para ello utiliza las herramientas y mecanismos que conoce, los aprendidos en casa y otros nuevos que va aprendiendo sobre la marcha.

El alumno de Secundaria comienza la misma con 12 años y la termina (previsiblemente) con 16 años. El periodo de adolescencia temprana irrumpe por tanto de lleno cuando el alumno comienza la educación secundaria. Será hacia el final de la ESO cuando comience la etapa correspondiente a la adolescencia media (entre los 14 y los 16 años) y ya en el bachillerato cuando comience la adolescencia tardía, que según estimaciones de distintos organismos, en algunos casos se prolonga hasta los 21 años.

Por tanto la educación secundaria y el bachillerato quedan inevitablemente marcados por ese periodo de cambios físicos, hormonales pero también psicológicos que trae consigo la adolescencia. El adolescente, como indica su etimología, es un ser cuya esencia es que adolece. Y adolece de muchas cosas: es una etapa de fuerte inseguridad hacia los demás y sobre uno mismo, también adolece de una falta de rumbo, de una suerte de desnortamiento y búsqueda de su lugar en el mundo…

Este periodo es como decimos trascendental en la configuración de la personalidad. El alumno utiliza el medio que le rodea como un campo de pruebas al que va lanzando estímulos y cuyas respuestas le sirven para ir formándose una idea de sí mismo. Como emulando el mito de Narciso, el alumno no se ve sino a sí mismo en las miradas de los demás, va buscando de hecho saber quién es en la mirada del otro. Adolece atrozmente de una falta de sentido de la propia  identidad y es en este momento y mediante un intenso y confuso aluvión de información del entorno como intenta dar respuesta a esa cuestión.

Es precisamente en ese contexto, en el de una existencia caracterizada por la duda y el sentimiento de carencia en el que el alumno comienza la educación secundaria. Y será en parte tarea del profesor guiar al que no desea ser guiado y tratar de minimizar el impacto de todo ello en el transcurso de las clases.
                                                          

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